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MENSAJE DE NAVIDAD A TODOS LOS HERMANOS, COLABORADORES, VOLUNTARIADOS, BIENHECHORES, AMIGOS, AMIGAS Y, SOBRE TODO, A NUESTROS HERMANOS Y HERMANAS ENFERMOS

El pueblo de Galilea, que vivía en tinieblas y en sombras de muerte, recibió la visita del sol que nace de lo alto, para que guiara sus pasos por el camino de la paz y desde aquel entonces, la existencia humana es situada en una nueva referencia fundamental.

Ahora, estamos llamados a vivir desde la hondura y profundidad de la filiación divina que nos invita a nombrarle “papá” a Dios y en consecuencia, nos lleva a convivir con los demás, bajo el signo de la fraternidad conforme el ejemplo y la autoridad de la palabra de Jesús. Él, nos propone una nueva ética del amor tomando en serio esta doble relación, que el amor de Dios es solamente posible si se hace algo por el prójimo, más aún cuando está en situación límite, porque, el amor al prójimo es la prueba de la autenticidad de nuestro amor a Dios. Y que prueba tan magnífica la de un Dios que nos contagia con la fortaleza de su amor en la fragilidad humana de un niño pobre, nacido en un establo de Belén, entre pajas y estiércol de los animales, como un anticipo de lo que años después, nos revelará: “son benditos de Dios los que lo han descubierto y servido en el hambriento, en el desnudo, en el enfermo, en el encarcelado, en el forastero.”

La navidad es la gran lección que nos enseña que, las mujeres y los hombres son portadores naturales de una conciencia cósmica y que al despertarse, nos sitúan en un estado de permanente vivencia de la fraternidad universal y nos transforman en un himno de comunión con todas las criaturas. Entonces, la dignidad de una persona no tiene nada que ver con el tener, el poder, ni el poseer, pero sí mucho, con el ser, creado a imagen y semejanza de Dios que nos hace acreedores, por igual, de una semilla de divinidad. Pero lo que en Dios es una esencia, una identidad perfecta en plenitud, se nos da en nosotros como una posibilidad y un proceso.

Por consiguiente, la navidad es tiempo de renovación del ser, para abandonar nuestra arrogancia ilusoria y adoptar una vida sin poder, sencilla, humanizada, que comparte el mismo destino de los demás. La navidad es alimento de nuestra pasión por Dios y por la humanidad que nos lleva, desde el interior del corazón humano, a explotar sus fuerzas humanizadoras y su capacidad de amar. La navidad nos renueva para continuar compartiendo las alegrías y esperanzas de cuantas personas llegan a nuestras obras apostólicas en busca de salud y que nos motiva en este compromiso, reactivando una serie de valores que llevamos por dentro, como son la profesionalidad, la acogida, el respeto, la solidaridad, la hospitalidad y que en el ejercicio de estos valores, la semilla de la divinidad crece en profetismo, en audacia, en creatividad y en la capacidad de proponer nuevas alternativas a la vida.

Las seis cartas que se conservan de San Juan de Dios, nos verifican que para este santo, los 365 días del año fueron realmente NAVIDAD. El servicio social que desempeñaba era absolutamente concreto, pan para el hambriento, vestido para el desnudo, medicina para el enfermo... pero sin duda también espiritual al mismo tiempo porque realizaba un cometido esencial de la Iglesia, mediante el carisma que él había recibido de Dios, y que lo responsabilizaba en la tarea de presentar en forma visible, los rasgos misericordioso de Dios ante el rostro doliente del enfermo. Jamás escatimó esfuerzos en este compromiso sobrenatural, pues la “misericordia de Dios” necesitaba también una organización, como presupuesto para un servicio comunitario ordenado, entonces sí importaba conseguir un terreno, levantar paredes, comprar camas e implementos para brindar salud, buscar colaboradores y bienhechores, diseñar arquitecturas jurídicas para institucionalizar y hacer más patente esta misericordia divina hacia los más pobres y desvalidos. Solamente así, el carisma de la misericordia logró encarnarse visiblemente en formas, en modos y en estructuras sociales.

Juan de Dios, desde la misericordia divina, se proyectó en obras preferenciales en respuesta a una urgencia humana, pero principalmente, para que se tradujera fielmente visible, esta condición interior carismática que es invisible. Por tanto, nuestros hospitales, centros de reposos, centros de educación especial, albergues, no pueden nunca sustantivarse ni valorarse por sí mismos, sino solamente como expresión del carisma. Y si son expresión del carisma, cada obra tiene que ser, verdaderamente, un portal de Belén para celebrar la vida con dignidad y para morir dando la vida por amor.

Que Dios les bendiga a cada uno y a cada una de ustedes, a sus familiares y a todos sus seres queridos. Muy unidos y que el niño Jesús aumente nuestra fe para tener la convicción de que “en la Palabra había vida y la vida era la luz de los hombres” (Jn 1, 4).

Felices Pascua y un próspero año nuevo.

 

     

     

     
     
     
     
     

 

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