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¡¡¡¡TIENEN MUCHO
QUE OFRECER!!!!
Esta es, sin duda, la mayor enseñanza que me
he llevado después de mis tres meses de
estancia en la Clínica San Juan de Dios del
Cusco. Explico por qué, he conocido mucha
gente que me ha aportado muchas cosas y muy
buenas, pero sobre todo he podido aprender
de los niños que allí están ingresados;
aunque pueda parecer extraño a algunas
personas, de ellos es de quien más he
aprendido, sí, de niños que en su mayoría no
caminan, muchos de ellos no hablan, no
pueden moverse por sí mismos...
Pero sin embargo estos niños saben entender
lo más importante, lo que significa dar
cariño y ser agradecidos al recibirlo, ellos
saben hacerse entender con una simple
mirada, con un gesto de agrado o de
desaprobación, háganme caso, se les entiende
muy bien, en ellos se cumple totalmente
aquello de “una mirada vale más que 1000
palabras”.
A parte de hacerse entender como pueden, ya
sea con la mirada, con gestos, con sonidos o
con su librito de interpretación, estos
niños son capaces de enseñar muchas cosas si
se está atento para aprenderlas; te pueden
enseñar cómo se sonríe cuando aparentemente,
por nuestra escala de valores, no tendrían
muchos motivos por los que sonreír; también
te pueden enseñar cómo ofrecer una mirada de
cariño y un beso a cada paso que dan; o cómo
una persona puede intentar superarse día a
día sin desfallecer ...
Habrá gente que quizá no lo valore así pero
para mí estas son enseñanzas MUY IMPORTANTES
que además ellos te brindan sin pedir nada a
cambio.
Pues bien, esto es a lo que se dedica la
Clínica San Juan de Dios del Cusco – Perú, a
ayudar a estos niños a que puedan conseguir
esos “pequeños” grandes avances como son
aprender a comer solos, a vestirse, a andar,
a comunicarse....
Yo he tenido la suerte de poder colaborar
con ellos este verano en su labor y me ha
encantado poder comprobar por mi misma como
consiguen cosas como que la mirada de una
niña que entró en la clínica totalmente
desnutrida, pase de ser totalmente vacía y
triste y de estar llorando todo el día con
grandes lágrimas que no tenían justificación
aparente, a ser al menos serena( no aún
feliz) y sin llorar, en tan solo dos semanas
de cuidados y cariño, y finalmente apenas en
un mes pudimos comprobar como la mirada de
esa misma niña( que nunca se me olvidará) se
tornó en unos ojos felices que volvían a
corresponder a los de una niña de su edad.
Estos son los “pequeños milagros” que hacen
día a día en la Clínica San Juan de Dios del
Cusco.
Por haber podido participar de todo esto y
haberme permitido compartir este tiempo con
el personal de la clínica y sobre todo con
los niños. GRACIAS
MARÍA URTASUN LANZA.
GUADALAJARA. ESPAÑA. |